La adicción a fármacos recetados es una de las dependencias más incomprendidas precisamente por cómo empieza. Una cirugía. Una lesión de espalda. Un trastorno de ansiedad. Un diagnóstico que requería medicación. Y luego, en algún momento, la relación con ese medicamento cambió de maneras que no se eligieron ni se esperaban.
Para algunas personas son los analgésicos. Para otras son estimulantes, pastillas para dormir, medicamentos contra la ansiedad o relajantes musculares. La sustancia varía pero la experiencia suele ser similar. El medicamento que debía ayudar se convierte en algo que no se puede dejar sin sentirse enfermo, ansioso, desregulado o incapaz de funcionar.
La vergüenza en torno al uso indebido de fármacos recetados suele ser especialmente pesada porque empezó de forma legítima. Porque un médico lo recetó. Porque no encaja en la imagen de la adicción que la mayoría carga. No estás aquí porque seas débil o estés roto. Estás aquí porque algo que empezó como un tratamiento médico se volvió más complejo y estás listo para abordarlo como corresponde.